Omega-3
EPA · DHA
Una grasa esencial que el cuerpo necesita y no fabrica, con una fama enorme, casi de remedio para todo. Esta ficha cuenta la historia honesta: funciona bien para unas pocas cosas, regular para otras, y para varias que se le atribuyen no hay evidencia que lo sostenga.

¿Qué es el omega-3?
El omega-3 es un tipo de grasa. Una de las buenas, de esas que el cuerpo necesita y no fabrica por sí solo. Pero bajo ese nombre conviven varias, y conviene no mezclarlas. Las que de verdad importan para la salud son dos: el y el , que vienen del mar — pescado azul, marisco, algas. Hay una tercera, el , de origen vegetal (lino, chía, nueces), pero el cuerpo la transforma en EPA y DHA con muchísima dificultad: solo una fracción pequeña llega a convertirse. Por eso, cuando hablamos de omega-3 con efecto, hablamos sobre todo de EPA y DHA.
Y aquí va el primer malentendido que conviene deshacer: omega-3, omega-6 y omega-9 no son lo mismo ni da igual cuál tomes. El que suele escasear en la alimentación de hoy es el 3. Los otros rara vez faltan.
El "3" del nombre tiene una explicación química sencilla: marca en qué punto de la cadena de carbonos aparece el primer doble enlace. EPA y DHA son los omega-3 de cadena larga, los que el cuerpo emplea directamente; el ALA es la versión vegetal, más corta, que primero tiene que alargarse y transformarse para servir.
Esa transformación es el cuello de botella, y conviene ponerle números. Las estimaciones varían mucho de un estudio a otro, pero el patrón se repite: el cuerpo convierte en EPA en torno a un 5–8% del ALA que ingiere, y en DHA bastante menos —desde un escaso 4% hasta cifras que algunos autores consideran prácticamente nulas en hombres adultos con dieta occidental—. En mujeres jóvenes la conversión es algo mayor, probablemente por influencia hormonal (revisiones de Burdge y Calder, 2005, y Brenna y cols., 2009). La consecuencia práctica ya la conoces: el lino y la chía suman, pero no bastan como única fuente.
Quizá hayas oído hablar del equilibrio entre omega-6 y omega-3. La idea, muy difundida, es que la dieta moderna tiene demasiado omega-6 —de los aceites de semilla— frente al 3, y que eso favorecería la inflamación. Hay un debate científico abierto sobre cuánto importa esa proporción: una parte de los investigadores la considera un buen indicador, y otra sostiene que lo que cuenta no es el ratio sino el nivel absoluto de omega-3. La buena noticia es que ambos bandos coinciden en lo práctico: el desequilibrio se arregla subiendo el omega-3, no obsesionándose con recortar el 6. Sobre los aceites de semilla volvemos en los mitos.
¿Para qué sirve?
El omega-3 arrastra una fama enorme, casi de remedio para todo. La realidad, con los datos disponibles hoy, es más interesante y más honesta: funciona bien para unas pocas cosas, regular para otras, y para varias que se le atribuyen no hay evidencia que lo sostenga. Vamos a contarlo tal cual.
Donde la evidencia es más firme es en bajar los triglicéridos: a dosis suficientes —bastante más altas que las de una cápsula de mantenimiento— el omega-3 los reduce con claridad. Conviene separar esto de la creencia más extendida, la de que "el omega-3 cuida el corazón". A las dosis habituales de suplemento, los grandes ensayos modernos no han encontrado que prevenga infartos ni ictus en la población general. Es uno de los huecos más llamativos entre la fama y los números.
En inflamación y articulaciones sí hay una señal consistente: en la artritis reumatoide, el omega-3 ayuda a reducir la necesidad de antiinflamatorios. En el estado de ánimo, como apoyo a un tratamiento —no en solitario— y con las fórmulas ricas en EPA, el efecto que recogen los estudios existe, aunque es modesto. Y en el embarazo, aportar DHA es una recomendación asentada de las agencias de seguridad alimentaria (en torno a 200 mg al día), con beneficio sobre todo en mujeres que parten de niveles bajos.
En deporte, lo más respaldado es una ayuda modesta en la recuperación y el dolor muscular tras esfuerzos intensos. Lo que no aparece en los estudios es que aumente la masa muscular ni el rendimiento. El titular "omega-3 para rendir más" no se sostiene.
En memoria y prevención del deterioro cognitivo, la evidencia es floja o nula: en una demencia ya instaurada no ha mostrado beneficio. De todo lo que se le atribuye, es lo menos sostenido.
Empecemos por el corazón. La historia honesta tiene dos partes que no conviene mezclar. La primera: como prevención cardiovascular a las dosis de un suplemento corriente (alrededor de 1 g al día), los grandes ensayos modernos han salido neutros. El mayor de todos, VITAL (Manson, 2019), con casi 26.000 personas sanas, no redujo el conjunto de eventos cardiovasculares; sí apuntó una reducción de infartos como resultado secundario, más marcada en quienes comían poco pescado. ASCEND, en personas con diabetes, confirmó esa neutralidad. La idea de tomar una cápsula al día "para el corazón" no tiene, a día de hoy, respaldo sólido en población general.
La segunda parte son los triglicéridos, y aquí el efecto es real y consistente: a dosis altas (del orden de 2 a 4 g al día) el omega-3 los baja en torno a un 20–30%, según la propia American Heart Association. Esto ya es territorio terapéutico, no de mantenimiento, y se pauta con criterio médico.
Hay un ensayo que se sale del guion y que conviene contar con cuidado: REDUCE-IT (Bhatt, 2019) sí mostró menos eventos cardiovasculares. Pero vienen con tres asteriscos importantes. Se hizo con un fármaco de prescripción, no un suplemento, a base de EPA puro a 4 g al día. Su grupo placebo usó aceite mineral, que pudo empeorar artificialmente al grupo de comparación, un punto todavía en debate. Y un ensayo posterior de diseño parecido, STRENGTH, con un placebo distinto, salió neutro.
En inflamación y articulaciones, el terreno más sólido es la artritis reumatoide. Varios ensayos doble ciego (Galarraga, 2008; Berbert, 2005) mostraron lo que se llama un efecto "ahorrador de antiinflamatorios": los pacientes podían reducir su dosis de sin que empeoraran los síntomas. No cura la enfermedad, pero mejora el manejo del dolor y la rigidez. La señal pide dosis altas: el propio ensayo de Galarraga usó 2,2 g diarios de omega-3.
En depresión, el matiz lo es todo. El omega-3 no funciona como antidepresivo en solitario, pero como apoyo a la medicación, y con fórmulas ricas en EPA (no en DHA), muestra un efecto modesto pero repetido; el detalle fino —que las fórmulas con al menos un 60% de EPA son las más eficaces— procede de revisiones como la de Liao (2019). Conviene un aviso: en prevención, es decir, dar omega-3 a personas sin depresión para evitarla, el mayor ensayo (VITAL-DEP, 2021) no solo no ayudó, sino que apuntó una señal ligeramente desfavorable. Como apoyo, sí; como escudo preventivo, no.
En el embarazo, el DHA es importante para el desarrollo del bebé, y la recomendación de unos 200 mg al día está bien asentada. Sobre algo más ambicioso —prevenir el parto prematuro— la evidencia es matizada: el beneficio se concentra en mujeres que parten de niveles bajos de omega-3 (subanálisis del ensayo ORIP). En las que ya tienen buen nivel, subir la dosis no aporta, y algún análisis incluso ha apuntado un posible exceso de partos muy tardíos. Más no es, otra vez, automáticamente mejor.
El cuerpo de evidencia en deporte es joven y desigual. Lo más consistente apunta a la recuperación: a dosis de 2–3 g al día, el omega-3 puede atenuar el dolor muscular y los marcadores de daño tras un esfuerzo intenso, aunque en bastantes ensayos la mejora queda por debajo de lo que se considera clínicamente relevante. Donde la postura oficial es nítida es en lo otro: la guía de posición de la ISSN (2025) concluye que no hay evidencia clara de que el omega-3 aumente la masa muscular ni el rendimiento.
En cognición, los buenos ensayos son insistentemente negativos: ni en adultos sanos ni en Alzheimer ya establecido el omega-3 ha movido la aguja (VITAL-Cog, 2022; Quinn, 2010). La única rendija de luz aparece en algún subgrupo con deterioro cognitivo leve, no en la demencia instaurada. La normativa europea solo permite afirmar "mantenimiento de la función cerebral normal" con 250 mg de DHA al día — un mensaje de mantenimiento, no de mejora.
¿Para quién es?
Tiene más sentido plantearse el omega-3 si comes poco pescado azul, si tienes los triglicéridos altos, durante el embarazo (por el DHA) o si convives con una enfermedad inflamatoria como la artritis reumatoide. Para quien ya come pescado azul dos o tres veces por semana, la primera "fuente" debería ser el plato, no el bote.
Dosis
Las dosis cambian según para qué. Para mantenimiento general suele bastar con lo que aportan un par de raciones de pescado azul a la semana. Para bajar triglicéridos hacen falta dosis bastante más altas, y eso ya es terreno de supervisión médica. Un detalle que sí importa: tómalo con una comida que lleve algo de grasa, porque mejora bastante su absorción.
Un apunte útil al elegir: cuando leas la etiqueta, fíjate en los miligramos de EPA y DHA, no en los de "aceite de pescado" total. Un bote de "1.000 mg" puede tener solo 300 mg de lo que de verdad importa.
Y, al revés de lo que sugiere el instinto, más no es mejor: a dosis muy altas aparecen riesgos, como veremos al final.
Bajemos al detalle, porque "depende" no ayuda a nadie. Como referencia orientativa:
¿Cuánto omega-3 se obtiene del plato? Mucho más de lo que parece, y con enormes diferencias entre especies: una ración de caballa o de salmón salvaje aporta más EPA+DHA que varias cápsulas; una de tilapia, casi nada.
El techo de seguridad que marca la EFSA es de 5 g al día de EPA+DHA; la agencia estadounidense (FDA) es más conservadora y sitúa el consumo "reconocido como seguro" en 3 g al día. Pasarse de ahí no aporta y, como veremos, a partir de cierto punto suma riesgos.
Absorción y biodisponibilidad
¿Cómo saber si andas bien o mal de omega-3? La analítica de rutina no lo dice. Existe una medida específica, el Índice Omega-3, que cuantifica qué porcentaje de las membranas de tus glóbulos rojos está formado por EPA y DHA. Se considera buena diana por encima del 8%, zona de riesgo por debajo del 4%, y terreno intermedio entre ambos. Lo propusieron Harris y von Schacky en 2004 como un indicador del estado real, más fiable que preguntar cuánto pescado comes.
Hay un dato que conviene interiorizar: el omega-3 no actúa de un día para otro. Cuando empiezas a tomarlo, tu Índice sube poco a poco y tarda unos 3 o 4 meses en estabilizarse en su nuevo nivel. Es un suplemento de fondo, no de efecto inmediato.
Sobre la absorción en sí, recupera lo de tomarlo con grasa, pero ahora con un matiz de magnitud: el efecto es grande. Una comida con suficiente grasa puede multiplicar hasta por cuatro la absorción de algunas formas —en concreto los ésteres etílicos, los más sensibles a esto—. Tomar la cápsula en ayunas o con una comida muy ligera es desaprovecharla.
¿Todas las formas son iguales?
No del todo. El aceite de pescado es la forma clásica. El aceite de algas es la opción para veganos o para quien es alérgico al pescado, y aporta el mismo EPA y DHA: no es una versión de segunda. El suele sentar mejor a quien le repite el sabor a pescado. Y el ALA vegetal (lino, chía) aporta omega-3, sí, pero —como decíamos— el cuerpo lo aprovecha mal para fabricar EPA y DHA, así que no sustituye a los anteriores.
Detrás de las formas hay química, y la química cambia cuánto omega-3 acaba llegando a tu sangre. La forma natural del pescado es el triglicérido (TG), que se toma como referencia. Los concentrados suelen venir como triglicérido reesterificado (rTG) o como (EE): el rTG se absorbe algo mejor, y el EE —la forma de los fármacos— rinde menos en ayunas pero se iguala si lo tomas con una comida grasa. El kril lleva el omega-3 unido a fosfolípidos y a un antioxidante natural, la astaxantina; se ha sugerido que se absorbe mejor por miligramo, aunque ese punto sigue en debate, porque los estudios no siempre comparan dosis equivalentes. Y el aceite de algas es, sin asteriscos, equivalente al de pescado: la opción vegana de pleno derecho.
Sellos de calidad
El omega-3 es un producto delicado: se oxida (se pone rancio) con facilidad, y al venir del mar puede arrastrar contaminantes. Por eso conviene fijarse en los sellos de calidad independientes. En Europa el más relevante es IFOS, que analiza el producto lote a lote. Un sello de calidad es algo que no debemos ignorar porque hay productos que pueden fallar en algún criterio de calidad (oxidación, contenido real o contaminantes).
IFOS: publica un análisis lote a lote, con un certificado que puedes consultar para el bote concreto que tienes en la mano, y mide potencia, oxidación, metales pesados, y . Tiene programas hermanos para el kril (IKOS) y para las algas (IAOS).
Evidencia científica
Una selección de los ensayos que sostienen lo dicho arriba. Aquí van resumidos; en el nivel avanzado se despliega cada uno con su metodología, sus cifras y su enlace.
REDUCE-IT
STRENGTH
Metaanálisis de seguridad (Gencer, 2021). Reunió varios ensayos grandes y confirmó un aumento de la fibrilación auricular dosis-dependiente. La principal señal de seguridad del omega-3, presentada como contexto, no como estudio aislado.
Galarraga (2008)
VITAL-DEP (Okereke, 2021)
VanDusseldorp (2020)
VITAL-Cog (Kang, 2022)
Mitos
Dos bulos que conviene desactivar. Que "los aceites de semilla (omega-6) son inflamatorios": es un asunto discutido y probablemente exagerado; el problema de la dieta moderna no es tanto el exceso de 6 como la falta de 3. Y que "adelgaza": su efecto sobre el peso es, en la práctica, irrelevante.
Volvamos a los aceites de semilla, el mito que dejamos pendiente. La acusación es que su omega-6 "inflama". La evidencia actual no lo respalda: en grandes análisis de población, el principal omega-6 de la dieta —el ácido linoleico— se asocia más bien a menor riesgo cardiovascular y de diabetes, no a más. De hecho, la American Heart Association recomienda mantener cierto aporte de omega-6 y advierte de que recortarlo en exceso podría ser contraproducente. El consenso razonable hoy es claro: el problema no es tener "demasiado 6", sino tener "poco 3".
Otros dos malentendidos frecuentes. El kril se vende a menudo como superior al aceite de pescado; la evidencia es mixta y, ajustando por dosis, no hay un ganador claro. Y el omega-3 como remedio para el : existe un efecto, pero pequeño, muy por debajo de la medicación habitual; no es un tratamiento.
Lo que la ciencia aún no tiene claro
Hay terreno gris que conviene no maquillar. No se conoce la dosis óptima de omega-3 para prevenir problemas cardiovasculares en personas sanas — sencillamente, no hay consenso. No se ha hecho aún el ensayo que zanjaría el debate de REDUCE-IT: comparar el fármaco contra un placebo verdaderamente neutro. No se entiende bien por qué las dosis altas favorecen la fibrilación auricular. Y en depresión sigue sin estar claro quién responde y quién no, aunque las pistas apuntan a las personas con inflamación elevada. Reconocer estos huecos no debilita la información: la hace más fiable.
¿Quién no debe tomarlo?
Aquí toca hablar con honestidad y con cautela, porque entra en juego la salud de cada uno.
En el embarazo, el DHA es recomendable, pero habría que vigilar el aceite de hígado de bacalao: su exceso de vitamina A puede dañar al feto. Mejor un aceite de pescado o de algas estandarizado.
A dosis altas, el omega-3 se asocia a un mayor riesgo de fibrilación auricular (una arritmia del corazón). Es la principal razón por la que "más" no significa "mejor".
Y, como con cualquier suplemento, esta información no sustituye el consejo de un profesional sanitario.
Ampliemos lo de la fibrilación auricular, porque es la señal de seguridad más sólida y la menos conocida. Varios ensayos grandes con dosis de 1 g o más al día encontraron más casos de esta arritmia en el grupo de omega-3 que en el placebo, y el metaanálisis de Gencer (2021) lo confirmó con un patrón dosis-dependiente: a más dosis, más riesgo relativo. No es para alarmarse a dosis de mantenimiento, pero sí una razón de peso para no "cargar" por cuenta propia.
Un efecto menor pero real: los eructos con sabor a pescado y las molestias digestivas, más frecuentes con los ésteres etílicos. Se reducen tomando la cápsula con comida y guardándola en la nevera.